Érase una vez una hadita
con alas grandes e impregnadas de purpurina de mil colores,
se sentía inmensamente feliz y orgullosa de ser quien era,
de respetarse tanto a ella misma
que solo se otorgaba los mejores regalos de la vida,
regalos auténticos y con sentido,
REGALOS verdaderos y honestos,
de los que nacen solo de un corazón tan vivo, tan rojo, tan limpio
como el suyo.
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