sábado, 10 de octubre de 2009

Sonriendo siempre

Se acercó a mi
con esa melena desordenada
y aquellos movimientos elegantes como las olas..
La hadita me confesó
que ante tantas declaraciones
de inferioridad y envidia
a mi alrededor,
mi espada afilada era la RISA
y mi escudo impenetrable mi maravillosa SONRISA.

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